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S
UCEDIÓ EN MANTA
CASOS RAROS CERCA DEL CEMENTERIO

Poco después la villa de los Ugarte fue concluida en Quito y la familia se movilizó a la capital. Doña Zulema seguía enferma de los nervios y ya no dormía sola, pues se había conseguido una ahijada querendona que la acompañaba invariablemente desde las seis de la tarde y no la dejaba ni a sol ni a sombra. Los malandrines de los chicos también se fueron con sus padres y los espíritus indígenas del cementerio no volvieron a abrir ni a cerrar las puertas, ni a suspirar como antes. Todo había sido una pesadilla solamente, casi real, pero pesadilla al fin, producto de la travesura y malcrianza de tres chicos burlones.


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