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Para entonces la señora había comunicado el particular a su esposo e hijas mayores y a un sacerdote amigo que bendijo la casa, el padre les manifestó que si la sombra sólo anunciaba alguna desgracia, es por que se trata de un espíritu protector, interesado por la suerte de los miembros de la familia y que en esos casos nada se podía hacer. Pasaron veinte y cinco años de estas primeras apariciones y la sombra blanca siempre puntualmente se adelantaba en cada ocasión que la muerte rondaba a algún familiar. La última vez que se la vio fue con ocasión del fallecimiento de una cuñada de la señora, que vivía en Barcelona y de quien no se sabía que estuviera enferma. Al final la casa fue vendida y todos se cambiaron a diferentes direcciones. Los nuevos dueños arreglaron el primer piso y lo convirtieron en pensión, que por estar ubicada en un barrio tan céntrico pronto fue un sitio de mala reputación. No sabemos si la sombra seguiría anunciando o por si el contrario creyó terminada su misión, evaporándose tan sutilmente como se había presentado durante medio siglo.


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