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Con esta explicación estuvimos de vuelta en Guayaquil. Meses después nos enteramos que el abuelo de nuestro casero había muerto asesinado en la calle cuando tocaba la puerta de su morada, por un desconocido que le voló la cabeza de un certero machetazo. Desde entonces oían en Colimes las insistentes llamadas de él, para que le abran, antes de que volvieran a matarlo. La historia se repetía siempre y se seguirá repitiendo hasta el infinito, mientras siga en pie la casa donde nos hospedamos en Colimes..


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