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Al día siguiente fue el aclare, pero ellos negaron todo diciendo que a veces los espíritus burlones adoptan las formas de los cuerpos de los seres queridos para hacer sus bromas; de todas maneras Morquecho les avisó que de allí en adelante pondría cerrojo en puertas y ventanas y se compraría una escopeta, lo que fue santo remedio para que nunca más le visitaran los espíritus; claro que los dos mil sucres de don Eleuterio no los volvió a ver, porque el viejo brujo al despedirse le había dicho: “Tenga usted la plena seguridad Pepito, que nunca más tendrá esta clase de visitas” lo que se ha cumplido hasta el presente y esto es, que del caso que relato, han transcurrido más de diez años.


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