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Se hizo un silencio respetuoso ante su dolor pero la buena tía intervino con mucho tacto acotando: ¡Hay preguntas que solo tienen sus respuestas en el más allá y no nos compete a nosotros, simples mortales, interrogar a Dios! Así es, afirmaron las demás señoras y cambiaron el tema, aunque la afectada seguía preguntándose en voz baja, como quien dice, sólo para ella ¿A donde habrá ido a parar la llave? ¿Dónde estará ahora?


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